
La gente antigua se consideraba frágil y expuesta ante los elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego, y completamente dependiente de la trayectoria solar y de los efectos de la Luna.
En Teotihuacán honraron observancia a las leyes de la naturaleza impuesta por estos astros de manera completamente anónima, por eso los operarios, artistas e ingenieros que allí trabajaron no dejaron ningún indicio que sirva al menos para conocer el nombre original del lugar y desentrañar cuál era la lengua que hablaban.
Obedecer a las Leyes de los Dioses es la consigna; por eso el indoamerikano cuida su cuerpo y su espíritu y se muestra desnudo en señal de mansedumbre hacia las Fuerzas sagradas de la Naturaleza.
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