Hoy sólo vemos "ruinas", o la perseverancia del espíritu, pero todos los pueblos antiguos dejan testimonio de su aspiración por trascender los limites del tiempo y de la efímera materia.
Las culturas muy antiguas son una evidencia reveladora e innegable de la inconmensurable capacidad de esos pueblos para transformar la materia en función del espíritu.
Cada uno de los grandes centros ceremoniales como Tiwanaku, Tenotchitlan, Monte Albán, Ankorg, las altas fortalezas y Monasterios del Tíbet, representan una expresión de la grandeza del espíritu humano.
Todas las sabias civilizaciones del mundo buscaron en el vértice superior de su desarrollo humano, la trascendencia espiritual por medio a través de la existencia material.
Las altas civilizaciones, nuestros "Viejos Abuelos", se ocuparon de satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia material, a la vez que entraban en el inconmensurable y maravilloso universo de la plenitud del desarrollo espiritual de su existencia.
El alimento lo era tanto para el cuerpo como para el espíritu.
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